{"id":567,"date":"2026-03-15T09:00:00","date_gmt":"2026-03-15T08:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/fenomenologiayfilosofiaprimera.org\/bitacora\/?p=567"},"modified":"2026-03-15T09:31:08","modified_gmt":"2026-03-15T08:31:08","slug":"notas-sobre-el-espiritu-y-su-vida","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/fenomenologiayfilosofiaprimera.org\/bitacora\/notas-sobre-el-espiritu-y-su-vida\/","title":{"rendered":"Notas sobre el esp\u00edritu y su vida"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center is-style-text-annotation has-border-color has-custom-color-2-border-color has-accent-5-background-color has-background has-medium-font-size is-style-text-annotation--1\" style=\"margin-top:var(--wp--preset--spacing--30);margin-bottom:var(--wp--preset--spacing--30);padding-top:var(--wp--preset--spacing--20);padding-bottom:var(--wp--preset--spacing--20)\">Publicada en p\u00e1gs. 17-19 del\u00a0<a href=\"https:\/\/www.insula.es\/ver-revista\/82406\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">n\u00famero 949-950 de la revista\u00a0<em>\u00cdnsula<\/em><\/a>\u00a0(Enero-2026),\u00a0dedicado a:\u00a0<em>Variaciones sobre el esp\u00edritu y el ensayo en el siglo XXI<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Hay un espl\u00e9ndido momento en el diario metaf\u00edsico de <mark style=\"background-color:rgba(0, 0, 0, 0);color:#7A9BDB\" class=\"has-inline-color\">Gabriel Marcel<\/mark> correspondiente al a\u00f1o 1931 \u2014<em>Ser y tener<\/em>\u2014 en que repentinamente se atreve a definir la que \u00e9l mismo llama <em>vida espiritual<\/em>: ser\u00eda esta el desasimiento progresivo de cuanto se <em>tiene<\/em>, para reducirse a <em>ser<\/em> y, de esta manera, vac\u00edo de lastres, quedar en la plena <em>disponibilidad<\/em> respecto de cuanto sea real \u2014y por real, sin duda no aut\u00e9nticamente malo ni da\u00f1ino, aunque quiz\u00e1 s\u00ed doloroso y excesivo o enormemente gozoso, y, a lo mejor, desbordante, transcendente\u2014 y nos visite.<\/p>\n\n\n\n<p>Se ha usado hasta volverla insignificante esta pareja: ser y tener. Si nos arriesgamos a mirar su interior, veremos que ante todo <em>tenemos<\/em> necesidades, a las que debemos aplicar la honda divisi\u00f3n de <mark style=\"background-color:rgba(0, 0, 0, 0);color:#7A9BDB\" class=\"has-inline-color\">Epicuro<\/mark>: muchas de ellas, aunque las llamemos as\u00ed, no son verdaderamente necesarias; otras son carencias naturales que dan lugar a tendencias igual de naturales hacia lo que las calma; pero solo alguna de estas carencias naturales origina verdaderas necesidades de las que es absurdo desprenderse. El desasimiento progresivo, que iguala a la vida espiritual Marcel, deja fuera de su alcance tan solo a estas necesidades del tercer grupo. En los casos de las otras dos formas de carencia, tenemos, en efecto, tanto la necesidad como aquello con que la saciamos, y la necesidad renace continuamente, de modo que tratamos de encontrar una y otra vez el alimento que la aplaca por un poco de tiempo. Todo cuanto tenemos en estos dos sentidos muy pr\u00f3ximos entre s\u00ed se puede emplear para describirnos con una serie de predicados que parecen una flora de mala \u00edndole que ha brotado a lo que de veras somos. Y entonces se ve que esto que somos \u2014y que apenas nos describe como individuos, porque radicalmente lo compartimos con el resto de los humanos, aunque sea tan frecuente que pensemos que somos pr\u00e1cticamente lo que tenemos\u2014, vemos que somos, digo, seres l\u00e1biles, indigentes, pero tambi\u00e9n dotados con el poder formidable de una libertad capaz de transformarnos hasta dejarnos como en carne viva, desasidos de lo que no sea real y, por tanto, disponibles abierta, casi absolutamente, ojal\u00e1 que absolutamente a entrar en relaci\u00f3n plena con toda la realidad.<\/p>\n\n\n\n<p>La primera bienaventuranza del Serm\u00f3n del Monte se refiere a los pobres en cuanto al esp\u00edritu y les adjudica <em>en presente<\/em> \u2014las dem\u00e1s bienaventuranzas est\u00e1n en futuro\u2014 la estancia en el reino de Dios, o sea, una vida albergada en el Dios que un d\u00eda lo ser\u00e1 todo en todos. En efecto, la humilde disponibilidad hace de nosotros un <em>s\u00edmbolo<\/em>, en la acepci\u00f3n primitiva de ser nada m\u00e1s que un pedazo de cierto todo real. El otro pedazo es todo eso que existe fuera de nosotros y que van reconociendo nuestros ojos \u2014los de la carne y los del alma\u2014 m\u00e1s y mejor a medida en que quedan limpios de lo que nos deja indisponibles para el ser. Si pudi\u00e9ramos detenernos un momento en el estado de humilde disponibilidad total, ver\u00edamos que lo que <em>es<\/em> en sentido fuerte es <em>lo dem\u00e1s, lo externo<\/em>, mientras que nosotros, meras mitades anhelantes, solo \u2014\u00a0momento de elocuencia maravillosa de Marcel\u2014 <em>sub-somos, sub-existimos<\/em>. Tener es tener para s\u00ed y aislarse; ser es ser para lo otro, estar ya siendo en trama con lo otro, pero precisamente sin reducirlo a polo de nuestras necesidades no necesarias, sin te\u00f1irlo de nosotros mismos ya recubiertos de adherencias prescindibles. Lo que quiere decir que la realidad se deja hacer: o se enlaza a nuestro ser disponible para volverlo tan real de veras como ya lo es ella, o permite que parcialmente la transformen nuestras ignorancias y nuestros afectos incontrolados y se deje <em>tener<\/em> por nosotros. En este caso solo podemos creer que <em>lo real soy yo mismo<\/em>. Quien se detenga un espacio de tiempo suficiente sobre el significado de esta frase, notar\u00e1 c\u00f3mo se le hiela la sangre en las venas y le viene el deseo de quebrar esa realidad \u00fanica, sola, en constante crecimiento \u2014como hinch\u00e1ndose salvajemente en cada instante de la vida\u2014. La aparente muerte de la persona disponible \u2014una como muerte, una como renuncia previa a la vida entramada con la realidad exterior\u2014 es, en cambio, su renacimiento: el comienzo de una vida realmente real, ansiosa de cosas aut\u00e9nticamente reales, cada vez menos tentada a hacer ofensa a la realidad rebaj\u00e1ndola a algo que pueda yo <em>tener<\/em>, yo, el \u00fanico que en ese caso <em>soy<\/em> \u2014es decir, que ni es ahora, ni fue todav\u00eda nunca, ni podr\u00e1 ser si no ejecuta una conversi\u00f3n tremendamente poderosa respecto del giro que ha dado a su vida\u2014.<\/p>\n\n\n\n<p>Que la vida espiritual sea, pues, ejercicio de la libertad no la aparta de recibir una ayuda, un impulso inmenso desde lo exterior ya existente. La exagerada identificaci\u00f3n del infante con su cuerpo recibe la sugerencia temprana de que no es verdadera, de que debe ser dejada atr\u00e1s. Algo nos sugiere que somos libres e incluso que debemos empezar a realizar nuestra libertad, hasta entonces inexistente. Paradoja b\u00e1sica de la libertad: no existe m\u00e1s que cuando la iniciamos, as\u00ed que es suponer demasiado afirmar que nacemos potencialmente libres. M\u00e1s bien sucede que nacemos ayudados \u2014per-donados\u2014 por la realidad, dentro de la cual somos naturalmente <em>casi reales<\/em>, en el sentido de las descripciones anteriores. Es imposible que no la acojamos desde que nacemos, dada la indigencia de nuestra naturaleza; pero ello es el inicio de que quede abierta la puerta para que nuestra relaci\u00f3n con lo real desborde, casi solo por ella misma, los avatares de la posesi\u00f3n y el alimento. Hay problematicidad en la historia misma de este apoderarnos de lo que sentimos como alimento de nuestras carencias; y los problemas tiran de la raz\u00f3n, la activan. En un segundo momento, la raz\u00f3n distingue los meros problemas de otros aspectos de la realidad que ella misma nos dice que se encuentran en \u00e1mbitos diversos. Hay <em>enigmas<\/em> y su misi\u00f3n no es alimentarnos sino, m\u00e1s bien, como pas\u00f3 a los humanos que primero recibieron el impacto de la presencia cercana de las Musas, convertirnos en seres puramente extasiados, que se olvidan de comer, beber y dormir y gastan lo que les queda de vida en cantar. La divinidad se apiada de ellos y los vuelve cigarras para que no tengan conciencia de la brevedad y la profunda inutilidad de sus vidas gastadas en el deslumbramiento de la belleza y de los abismos que se adivinan en los otros seres humanos. Y ya antes, seguramente, de este estado de perplejidad, curiosidad y gozo que no se parece al de alimentarse, se insin\u00faan en la vida humana los <em>misterios<\/em>, que llam\u00f3 perfectamente <mark style=\"background-color:rgba(0, 0, 0, 0);color:#7A9BDB\" class=\"has-inline-color\">Karl Jaspers<\/mark> <em>situaciones l\u00edmite<\/em>. No porque sean <em>peak experiences<\/em>, sino porque son los horizontes de todas las situaciones de la vida, aunque no se tenga noticia clara de ellos desde el principio. Posiblemente a\u00fan ahora el anciano no termina de reconocer nuevos horizontes a su situaci\u00f3n, allende los ya experimentados.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando Marcel habla de la disponibilidad y cuando una corriente poderosa de la tradici\u00f3n teol\u00f3gica habla de la humildad, los correlatos de estas actitudes b\u00e1sicas de nuestra vida apenas son los problemas, sino casi \u00fanicamente los enigmas y los misterios. En ellos se realiza una, dir\u00edamos, concentraci\u00f3n de lo que significa <em>realidad<\/em>. Es cierto que el que llam\u00f3 Epicuro <em>grito de la carne<\/em> exige calor, agua y pan, pero \u00e9l mismo era bien conciente de que grita adem\u00e1s en nosotros, y con un vigor supremo, la voz que nos manda buscar verdad. La verdad que nos atrae es la dif\u00edcil y recatada de cuanto es enigm\u00e1tico y de cuanto es misterioso. La gracia, el don enorme consiste, en primer t\u00e9rmino, no solo en que hayamos nacido sino en que, sin m\u00e1s m\u00e9todo que abrir los ojos y adelantar o\u00eddos y manos, se mete en nuestra vida apenas existente la riqueza plural de la realidad y casi parece que ella misma formula, como en la sensibilidad, enigmas y misterios. <mark style=\"background-color:rgba(0, 0, 0, 0);color:#7A9BDB\" class=\"has-inline-color\">Joseph Joubert<\/mark> escribi\u00f3 que <em>la raz\u00f3n no razona<\/em>, y es que la raz\u00f3n que despierta a su propia realidad resolviendo problemas no es el arma m\u00e1s \u00fatil para absorberse en lo enigm\u00e1tico y para responder no inadecuadamente a lo misterioso. La raz\u00f3n, pero sin razonar, quer\u00eda decir el agudo observador de la vida, es la luz que nosotros echamos sobre estas maravillas en los bordes de la maravilla misteriosa de nuestra vida. Las argumentaciones solo preparan \u2014cuando no enmara\u00f1an, entorpecen y posiblemente hasta impiden\u2014 las visiones del esp\u00edritu.<\/p>\n\n\n\n<p>La mitad, pues, de la que define Marcel como vida espiritual sucede ya fuera de nosotros y procura extraer de nuestra pasividad el ejercicio de la libertad para la visi\u00f3n intelectual de todo aquello de lo que pende a\u00fan m\u00e1s que del alimento nuestra existencia: la verdad, el enigma, el misterio. La naturaleza y la historia son ya vida espiritual, aunque no la colmen m\u00e1s que cuando queremos nosotros con toda nuestra alma aprender de esta vida las pautas de nuestra propia vida individual.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero no solo de gracia vive el hombre; vive tambi\u00e9n gracias a su valent\u00eda, la cardinal entre las virtudes cardinales. No por efecto de alg\u00fan acto aislado de valent\u00eda, sino como consecuencia del h\u00e1bito que se va adquiriendo al hacer frente a cada situaci\u00f3n de la vida. La Juana de Arco de <mark style=\"background-color:rgba(0, 0, 0, 0);color:#7A9BDB\" class=\"has-inline-color\">P\u00e9guy<\/mark>, vi\u00e9ndose ya condenada y sin ayudas, en vez de lamentar el fraude que la ahogaba, exclama llena de convicci\u00f3n y de fuerza: <em>por todas partes hay una cobard\u00eda infinita<\/em>. Ella hace velozmente c\u00f3mplices que intentan no darse cuenta de lo que les est\u00e1 sucediendo, y as\u00ed se manifiesta el poder terrible de este mal que llevamos a cabo tantas veces sin ning\u00fan esfuerzo, como si surgiera de la naturaleza del alma en su apego al cuerpo y, al mismo tiempo, tambi\u00e9n del cuerpo en su control sobre el alma. Si se vive dentro del ej\u00e9rcito inmenso cuya bandera es el miedo, queda cerrada la v\u00eda de cualquier vida espiritual.<\/p>\n\n\n\n<p>La cobard\u00eda no podr\u00eda alcanzar a tanto si no fuera porque crece siempre a la sombra de la muerte, o sea, en el terreno mismo de lo que es misterio para todos nosotros. Aunque la historia de las religiones y cada una de las historias individuales de los seres humanos est\u00e9n desbordantes de conjuros contra la muerte, evocar c\u00f3mo ha sido posible, incomprensiblemente, haber no existido desde antes del principio del tiempo hasta ahora, es ya esbozar un gesto de burla hacia tales conjuros. Lo mismo que no eras antes de vivir ser\u00e1s despu\u00e9s de morir, sugiere la cadena de los d\u00edas insignificantes, que as\u00ed remueven su falta de inter\u00e9s a base de llenar de aversi\u00f3n por la vida al pobre hombre. No es simple miedo a morir y a estar de nuevo muerto: es desesperaci\u00f3n ante el recuerdo de que nada ni nadie permanecer\u00e1. Pero esta aversi\u00f3n y esta desesperaci\u00f3n se consuelan iniciando la personal fuga lo m\u00e1s lejos posible de la muerte. De misterio que es, la convertimos entonces en el problema que debemos esquivar todo el tiempo que estamos vivos. Se trata de un movimiento est\u00fapido y ya, propiamente, cobarde, que nos vuelve integralmente cobardes. En un segundo momento nos diremos que no solo hay que vivir rehuyendo la muerte, sino tratando de sacar el m\u00e1ximo partido, el m\u00e1ximo gozo a estos trechos que la muerte y la vida nos van por ahora concediendo. El fin \u00faltimo de nuestras acciones es la imposible perpetuaci\u00f3n de m\u00ed mismo en el estado de m\u00e1s disfrute posible de los bienes que tango cerca. Ya soy yo para siempre \u2014salvo que un milagro, un perd\u00f3n lo remedie\u2014 lo \u00fanico que venero, aquello a cuyo objetivo someto todo lo dem\u00e1s que existe: hombres y cosas. Convert\u00ed la desesperaci\u00f3n en vulgar miedo y este me hizo dios de m\u00ed mismo. La cobard\u00eda que me impide afrontar la muerte como misterio es a la vez necesariamente crueldad: todos y todo han de estar al servicio de mi fuga por mitad de la existencia.<\/p>\n\n\n\n<p>Me tengo, pues, miedo a m\u00ed mismo. La vida me regala a manos llenas dones infinitos. Desde siempre he sido querido aqu\u00ed en la Tierra; desde siempre he vivido al borde de los enigmas mayores, tocado por el genio de lo sensible, visitado continuamente por el genio de la inteligencia. Mi lengua materna es hermosa y tan rica como el mar. \u00a1Mi memoria mantiene en\u00e9rgicas tantas experiencias! Yo, sin embargo, juego con los m\u00e1rgenes de lo oscuro y lo d\u00e9bil algunos d\u00edas tristes, pesados como la melaza y el bet\u00fan. No me s\u00e9 estar quieto y dejar que la plena realidad santa me invada, me tenga, me duerma como en un ahogo. Siempre me encuentra haciendo alguna finta para no escuchar, para sentirme sin sentir las cosas que limpian de los sue\u00f1os.<\/p>\n\n\n\n<p>Los buenos permiten que el Sol los ba\u00f1e y que la sencilla verdad los respire y deshaga todas sus m\u00ednimas historias. Colaboran con la obra directa de la justicia amante y no se notan porque son enteramente esa obra misma que ellos no han dise\u00f1ado.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando me indigno conmigo, las l\u00e1grimas abren la herida de que soy en el m\u00e1s profundo centro amor. Sacar esa ra\u00edz a trav\u00e9s de los estratos y los f\u00f3siles de una vida inquieta parece m\u00e1s duro que excavar la roca. No quiero de ninguna manera la mitad de mis actos, agrios como un \u00e1cido que salpica a los cercanos y quema el suelo com\u00fan. \u00bfDe d\u00f3nde tanta piedra negra y tanta agua venenosa? \u00bfEs que quiero da\u00f1ar, destruir, matar? \u00bfEs que soy dos voces y hay en m\u00ed dos humanidades?<\/p>\n\n\n\n<p>No define al humano sino su obra, desde la santidad al crimen monstruoso y desde la pureza ingenua hasta la perversi\u00f3n m\u00e1s sucia. A cada instante se agranda esta definici\u00f3n imposible que toca a Dios y construye los infiernos, y a m\u00ed me lleva dentro de s\u00ed y yo tambi\u00e9n la dilato y meto en ella a mis hermanos desdichados y dichosos. Nadie puede parar esta tormenta que resuena desde hace un mill\u00f3n de a\u00f1os. Solo esos miles de kil\u00f3metros de hielo en los polos est\u00e1n en calma. Yo podr\u00eda caer all\u00ed, donde no se puede vivir, y producir\u00eda una gota de horror en la existencia de los osos y los zorros. Vaya donde vaya, es m\u00e1s r\u00e1pido mi viaje por dentro, sin espacio y en un tiempo \u00fanicamente m\u00edo, por el que cruzan los dem\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p>Ser significa misterio; mundo significa enigma; otro semejante a m\u00ed es mi m\u00e1xima diferencia y mi obsesi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>En el momento culminante de la infancia descubr\u00ed lo irreversible de la vida y su final en la muerte. El ni\u00f1o qued\u00f3 rodeado de misterios, y su existencia estuvo acechada, urgida y visitada, desde la revelaci\u00f3n de la muerte, por lo Otro y el Otro.<\/p>\n\n\n\n<p>Por esto es la infancia el territorio de los sufrimientos m\u00e1s inconsolables: unas penas que ni siquiera pasan a oraciones: son soledad. La divinidad se va dibujando al fondo, como la figura del m\u00e1s mayor de los mayores, del \u00faltimo recurso en la solicitud desesperada de un abrigo en que resguardarse por completo otra vez; y es as\u00ed justamente porque nadie ofrece resguardo completo, retorno a antes de haber nacido.<\/p>\n\n\n\n<p>La cuesti\u00f3n candente es para cada uno de nosotros luego la de decidir ahora qu\u00e9 respuesta tenemos que dar a las cosas que nos est\u00e1n pasando. Hay en lo que sucede mucho ya familiar, pero siempre algo de nuevo. La sorpresa de lo que se me viene encima desborda el marco de la regla. No hago nunca exactamente lo que s\u00e9 ni lo que quiero.<\/p>\n\n\n\n<p>La vida ha tomado ya desde siempre una orientaci\u00f3n inevitable hacia la plenitud de la dicha y del sentido; pero yo me he formado una figura de ellas, y esta idea global a la que he encomendado la gu\u00eda de mis actos es quiz\u00e1 solo un error parcial.<\/p>\n\n\n\n<p>La sabidur\u00eda consiste en el regreso a la ingenuidad perfecta de la vida tal como ella se adentra, sin haberlo podido querer, en la realidad. Lo realmente real es lo no deformado por mi deficiente conocimiento y mi m\u00e1s que deficiente cadena de voliciones concretas. Me voy fabricando un mundo y no quisiera. Llega siempre el momento en que se me hace evidente que tengo que deformar la deformaci\u00f3n que yo he introducido: hay que desaprender los males.<\/p>\n\n\n\n<p>Y sin embargo soy libre y tengo una extraordinaria capacidad de transformar el antemundo de mi nacimiento en un mundo de in\u00e9dita belleza, plena utilidad y deslumbrante perfecci\u00f3n moral. Estos ideales nos est\u00e1n propuestos al mismo tiempo al antemundo y a m\u00ed, la humanidad. Son nuestra gloria. La realidad b\u00e1sica de nosotros dos es la de ser potencias que, conjuntadas, anhelan un florecimiento, un acto en\u00e9rgico que se encuentra preformado en el ser mismo de la humanidad y de la naturaleza.<\/p>\n\n\n\n<p>Este acto se llama amor: buscar ardiente, inagotable y constantemente el bien de otro.<\/p>\n\n\n\n<p>El amor busca sencillamente al otro mismo. Primero solo quiere su bien; despu\u00e9s, se adelanta al otro como para cerciorarlo de que la plenitud de su bien es la plenitud de \u00e9l mismo, y para contemplar lleno de gozo esa posibilidad. La esperanza y la contemplaci\u00f3n del amante inspiran la esperanza del amado. El amante quiere esta plenitud, incluso si comporta que \u00e9l, aunque haya contribuido en algo, quede atr\u00e1s y olvidado. Yo te quer\u00eda simplemente a ti en tu plenitud. T\u00fa no eres t\u00fa mismo m\u00e1s que en la dicha perfecta que te corresponde.<\/p>\n\n\n\n<p>Llamo Dios a la fuente de la gracia, de la vida, de la presencia de los otros, del amor y de la libertad que derrota al miedo y sale de la desesperaci\u00f3n. Dios habla y yo puedo y debo responderle. Su silencio es su manera de hablarme, y a m\u00ed me gusta emplear viejas palabras tradicionales para irle hablando tambi\u00e9n yo, aunque con menor constancia que la suya.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Breve introducci\u00f3n a una zona de la literatura espiritual.<\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":565,"comment_status":"closed","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[297,51],"tags":[154,36,101,302,37,115,185,237,205,87,116,127,301,304,175,300,299,88],"autores":[255,298,303],"class_list":["post-567","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-filosofia-de-la-religion","category-meditaciones","tag-alteridad","tag-amor","tag-apertura-a-la-realidad","tag-desasimiento","tag-dios","tag-enigmas","tag-fortaleza","tag-gracia","tag-infancia","tag-libertad","tag-misterios","tag-muerte","tag-necesidades","tag-obras","tag-razon","tag-ser","tag-tener","tag-vida-espiritual","autores-epicuro","autores-gabriel-marcel","autores-karl-jaspers"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/fenomenologiayfilosofiaprimera.org\/bitacora\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/567","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/fenomenologiayfilosofiaprimera.org\/bitacora\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/fenomenologiayfilosofiaprimera.org\/bitacora\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/fenomenologiayfilosofiaprimera.org\/bitacora\/wp-json\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/fenomenologiayfilosofiaprimera.org\/bitacora\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=567"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/fenomenologiayfilosofiaprimera.org\/bitacora\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/567\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":568,"href":"https:\/\/fenomenologiayfilosofiaprimera.org\/bitacora\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/567\/revisions\/568"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/fenomenologiayfilosofiaprimera.org\/bitacora\/wp-json\/wp\/v2\/media\/565"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/fenomenologiayfilosofiaprimera.org\/bitacora\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=567"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/fenomenologiayfilosofiaprimera.org\/bitacora\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=567"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/fenomenologiayfilosofiaprimera.org\/bitacora\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=567"},{"taxonomy":"autores","embeddable":true,"href":"https:\/\/fenomenologiayfilosofiaprimera.org\/bitacora\/wp-json\/wp\/v2\/autores?post=567"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}