{"id":379,"date":"2025-11-30T08:00:00","date_gmt":"2025-11-30T07:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/fenomenologiayfilosofiaprimera.org\/bitacora\/?p=379"},"modified":"2025-12-07T00:37:16","modified_gmt":"2025-12-06T23:37:16","slug":"el-dolor-no-ensena-siempre","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/fenomenologiayfilosofiaprimera.org\/bitacora\/el-dolor-no-ensena-siempre\/","title":{"rendered":"El dolor no ense\u00f1a siempre"},"content":{"rendered":"\n<p>Los <mark style=\"background-color:rgba(0, 0, 0, 0);color:#7A9BDB\" class=\"has-inline-color\">antiguos poetas de Grecia<\/mark>, hombres inspirados, describ\u00edan nuestra existencia con una serie de rasgos entre los que no sol\u00edan olvidar, como si \u00e9ste los resumiera todos por fin, el de el ser que aguanta. No nos atribu\u00edan inteligencia, ni pr\u00e1ctica ni te\u00f3rica; tampoco nos conced\u00edan potencia para llevar a cabo nuestros planes; menos a\u00fan, vida sin fin. Pensaban, m\u00e1s bien, de nosotros que somos soberbios y que la soberbia nos ofusca, y que somos supersticiosos, crueles, avariciosos. No hac\u00edan del hombre un retrato halag\u00fce\u00f1o, pero, al menos, no ten\u00edan m\u00e1s remedio que admirar la capacidad de aguante de este pobre habitante de la tierra. Y cuando la consideraban, comprend\u00edan que hab\u00eda s\u00f3lo un mal al que no habr\u00edamos podido resistir y que por eso, con un asomo de piedad, qued\u00f3 sin escapar de la caja de Pandora: la espera. No la esperanza, el bien de la esperanza; sino la espera, el mal terrible de la espera. O sea, el saber a ciencia cierta, desde cualquier punto de la vida, lo que nos aguarda en el porvenir. Si incluso esta desgracia nos hubiera sobrevenido, habr\u00edamos hace mucho muerto todos.<br>S\u00f3lo de la sorpresa vive, pues, el hombre: de hallar lo inesperado y tener que afrontarlo ya mismo. Parece que es dura esta situaci\u00f3n, pero, en realidad, resulta infinitamente m\u00e1s suave que la que se seguir\u00eda de eliminar la improvisaci\u00f3n maravillosa con la que los sucesos nos llegan. De aqu\u00ed que los <mark style=\"background-color:rgba(0, 0, 0, 0);color:#7A9BDB\" class=\"has-inline-color\">estoicos<\/mark> propusieran que la sabidur\u00eda y la virtud consisten en intentar sospechar todos los males que a\u00fan nos pueden ocurrir, para irnos ejercitando en la respuesta apropiada, si es que al fin se presentan. Que el ser que aguanta pase a convertirse en invulnerable, en imperturbable, aunque lo asalten un <em>tsunami<\/em> de desgracia o una pleamar de felicidades y buenas suertes. A lo que a\u00f1ad\u00edan que tener la oportunidad de volvernos invulnerables es estar en una posici\u00f3n m\u00e1s elevada, en la escala de los seres, que los viejos dioses m\u00edticos: la virtud arduamente conseguida es mucho m\u00e1s sabia (no s\u00f3lo m\u00e1s meritoria) que la que se posee por naturaleza.<br>Dec\u00edan esto porque no les cab\u00eda duda de que el hombre debe progresar, o sea, aprender, fortalecerse. Una vida humana que no contenga progreso, ense\u00f1anza y virtud, es una vida desperdiciada. Pero no hay modo de progresar m\u00e1s que superando los obst\u00e1culos. La mera facilidad no dice nada interesante o importante a nadie. S\u00f3lo llego a sacar de m\u00ed la plenitud de mis capacidades cuando me encuentro con algo que no parece posible vencer, que me niega profunda y enteramente; pero, a base de tiempo, sagacidad y empe\u00f1o, termino por dominarlo. Es entonces como si me hubiera subido encima de mi adversario y se abriera ante m\u00ed un horizonte ampliado, al que se dirigir\u00e1n mis fuerzas renovadas ahora con la victoria. Tenemos que aguantar tanto \u2013\u00e9sta era la consecuencia que sacaban aquellos <mark style=\"background-color:rgba(0, 0, 0, 0);color:#7A9BDB\" class=\"has-inline-color\">moralistas<\/mark>&#8211; porque s\u00f3lo de esta manera subimos a la cima de nuestra condici\u00f3n, que no es sino la de dioses, partecitas de dios, chispas de la divinidad. S\u00f3lo sufriendo se aprende, <em>pathei mathos<\/em>, como se lee en un fragmento de <mark style=\"background-color:rgba(0, 0, 0, 0);color:#7A9BDB\" class=\"has-inline-color\">S\u00f3focles<\/mark>. La mera lectura, incluso la mera visi\u00f3n de los combates que los otros libran con los sucesos inesperados de la existencia, no es disciplina bastante. Tienen las cosas que afectarnos directa e individualmente, para que, como han repetido algunos formuladores de teodiceas tambi\u00e9n recientes y cristianas, la providencia nos d\u00e9 la oportunidad de esculpir la hermosa estatua de nosotros mismos. Cuando dios desprecia a un ser humano, no le env\u00eda dolores y, por consiguiente, ese hombre no pasa de ser una larva de tal, un bicho m\u00e1s de la tierra, ignorante de que naci\u00f3 con la semilla de dios.<br>Hay una buena parte de contradicci\u00f3n en esto de tratar de ensayarse en la desgracia irreal para cuando llegue la desgracia real, ya que se admite que s\u00f3lo \u00e9sta ense\u00f1a de veras; por ejemplo, que s\u00f3lo sufrirla nos ense\u00f1a de verdad que debemos irnos preparando para las venideras.<br>Pero con esta ense\u00f1anza \u2013que es a la vez triste, heroica, desesperanzada y estimulante\u2013 se roza ya lo que constituye, sin duda, el punto central de la vida del esp\u00edritu (tambi\u00e9n, por cierto, de la nuestra hoy): que el miedo, ceder al miedo, es la negaci\u00f3n misma del esp\u00edritu; que vivir guiado por el miedo (lo que suele pasar en la miedosa ignorancia de reconocer que as\u00ed son las cosas, o sea, sin conciencia clara) es tirar la vida a la basura. Que cuando lo que se pretende es vivir ego\u00edstamente, para la propia felicidad, es que se est\u00e1 en las manos del miedo: del terror de no ser feliz.<br>Interrumpamos aqu\u00ed, en apariencia, esta serie de ideas y saltemos, en apariencia tambi\u00e9n, a lo m\u00e1s esencial. Luego veremos qu\u00e9 sucede con el asesino llamado miedo.<br>El cristianismo s\u00f3lo conoce un mal: el pecado, o sea, la desesperaci\u00f3n. Y como el dolor es la experiencia del mal en su maldad, s\u00f3lo la experiencia del pecado como tal puede ser dolor o, mejor dicho, la cima del dolor.<br>El pecado es la negaci\u00f3n real de que exista el bien perfecto, es decir, de que exista Dios. Una negaci\u00f3n real no se hace s\u00f3lo con los labios; quiz\u00e1 con ellos es con lo \u00faltimo con que se niega la verdad de lo real. La clase de negaci\u00f3n profunda, aut\u00e9ntica, completa, que es el pecado, se lleva a cabo con toda la existencia, con el movimiento central de la existencia; lo que se puede simplificar diciendo, como han hecho el <mark style=\"background-color:rgba(0, 0, 0, 0);color:#7A9BDB\" class=\"has-inline-color\">Talmud<\/mark>, <mark style=\"background-color:rgba(0, 0, 0, 0);color:#7A9BDB\" class=\"has-inline-color\">san Bernardo<\/mark> y tantos otros sabios santos, que pecar es querer de verdad que Dios no exista.<br>Querer de verdad que no haya el bien perfecto es vivir como si no lo hubiera, lo cual exige hasta olvidar, cuando se act\u00faa, la misma posibilidad de que exista y, desde luego, toda nostalgia por \u00e9l, toda sensaci\u00f3n poderosa de la desdicha de su ausencia. Y cuando se llega al mismo olvido intelectual, afectivo y pr\u00e1ctico del bien perfecto, lo \u00fanico que queda es el mundo, el tiempo en el mundo, mi tiempo o nuestro tiempo en nuestro mundo. Para el pecador, se trata del verdadero Todo, despojado de fantasmas, abierto ante \u00e9l como un oc\u00e9ano libre y casi desconocido, por el que la humanidad no se ha atrevido a viajar, ya que ha estado dominada por los dioses, por dioses de toda cala\u00f1a, desde el principio de los tiempos \u2013y cuando hay dioses, hay la certeza de que existe algo m\u00e1s que este tiempo de nuestro mundo, sea como sea que una religi\u00f3n o una metaf\u00edsica se representen en concreto este algo m\u00e1s\u2013.<br>He utilizado ahora palabras que evocan adrede cierto pasaje de <mark style=\"background-color:rgba(0, 0, 0, 0);color:#7A9BDB\" class=\"has-inline-color\">Nietzsche<\/mark>, pero el entusiasmo por la verdad a secas, por la dureza de la verdad, que guiaba a este escritor, no se parece en absoluto al pecado sino, justamente al rev\u00e9s, a la c\u00f3lera del destructor de \u00eddolos. <mark style=\"background-color:rgba(0, 0, 0, 0);color:#7A9BDB\" class=\"has-inline-color\">Simone Weil<\/mark> advert\u00eda que nadie est\u00e1 obligado a adorar a Dios, si no lo ha encontrado, si no ha sido encontrado por Dios conscientemente; pero que todos tenemos un deber riguros\u00edsimo de no adorar \u00eddolo alguno. Y es evidente que los \u00eddolos m\u00e1s peligrosos surgen de la confusi\u00f3n de Dios, bien perfecto, con cualquier otra cosa, aunque sea muy buena.<br>La situaci\u00f3n de estar haciendo el mal y persistir luego en hacerlo, o sea, el pecado, tiene dos posibilidades generales. La primera es la que he empezado a describir; la segunda, menos mortal, como dice la tradici\u00f3n con mucha m\u00e1s exactitud de la que solemos suponer, es la de una negaci\u00f3n parcial, eventual, del bien perfecto, pero a sabiendas de que existe y de que, en este momento o este tiempo, no vivimos de acuerdo con ese conocimiento sino en contradicci\u00f3n con \u00e9l y, por tanto, inconsecuentemente, en contradicci\u00f3n tambi\u00e9n con nosotros mismos. A esto se refiere <mark style=\"background-color:rgba(0, 0, 0, 0);color:#7A9BDB\" class=\"has-inline-color\">Pablo<\/mark> con la c\u00e9lebre afirmaci\u00f3n de que ni siquiera \u00e9l mismo hace el bien que quiere, sino, muchas veces, el mal que no quiere (pero que termina queri\u00e9ndolo, a pesar de la direcci\u00f3n hacia Dios que ha tomado ya su vida).<br>Cuando hay conciencia de esta contradicci\u00f3n dolorosa y vergonzosa, hay tambi\u00e9n remordimiento y, por tanto, queda el camino abierto hacia el pedir perd\u00f3n (a los dem\u00e1s perjudicados, en primer t\u00e9rmino, y a Dios como en el trasfondo de m\u00ed y de ellos y de todo). Y si no se toma la v\u00eda del arrepentimiento efectivo, crece el dolor por la debilidad de la voluntad (la verdadera miseria de la condici\u00f3n humana, en frase del mismo <mark style=\"background-color:rgba(0, 0, 0, 0);color:#7A9BDB\" class=\"has-inline-color\">san Bernardo<\/mark>). Este sufrimiento es el caracter\u00edsticamente cristiano: aunque deseo afirmar con todas mis fuerzas que es verdad que amo con todo mi ser a Dios, al pr\u00f3jimo, a m\u00ed mismo, a la Creaci\u00f3n entera, porque toda mi vida no tiene m\u00e1s sentido que dirigirse al bien perfecto y mostrar a todas las cosas que evidentemente existe, justo porque no se lo encuentra en ninguna de ellas y tampoco en m\u00ed, vivo ahora al rev\u00e9s, retorcido respecto del sentido que reconozco en todo, per-versus, como dice con precisi\u00f3n la met\u00e1fora tan querida por <mark style=\"background-color:rgba(0, 0, 0, 0);color:#7A9BDB\" class=\"has-inline-color\">san Agust\u00edn<\/mark>. Necesito una penitencia que no termino de aceptar; me torturo viendo que doy testimonio en contra de la verdad, precisamente cuando esta verdad hace una falta infinita a todos y deber\u00eda ser servida siempre por testigos a los que nada hiciera retroceder. Lo que funda mi vida y todas las vidas est\u00e1 siendo rid\u00edculamente olvidado por quien no lo olvida ni un instante. \u00bfQu\u00e9 poder hay en m\u00ed que se rebela as\u00ed contra la verdad, contra mi anhelo, contra lo que espero? Somos todos los seres creados \u2013incluyo a los animales, a las plantas, a las rocas, el mar, los cielos y los astros\u2013 como gargantas sedientas de bien, de paz, de gozo; pero una extra\u00f1\u00edsima debilidad (<em>basar<\/em>, <em>sarx<\/em>, <em>caro<\/em>, carne) induce a algo rebelde en nosotros a ordenarnos que nos quedemos quietos, como si la sed terrible estuviera calmada.<br>Es una desgracia \u2013\u00a1tantas cosas son desgracia!\u2013 que el cristianismo haya confundido con frecuencia esta noci\u00f3n de la carne con el cuerpo, y haya adem\u00e1s confundido la carne con el pecado, hasta situar en el cuerpo la fuente del pecado y llegar cerqu\u00edsima de la vieja <mark style=\"background-color:rgba(0, 0, 0, 0);color:#7A9BDB\" class=\"has-inline-color\">concepci\u00f3n \u00f3rfica<\/mark>, la verdadera tradici\u00f3n dualista dentro de las bases de nuestra cultura: que el cuerpo, <em>soma<\/em>, es como el sepulcro y su podredumbre, <em>sema<\/em>, porque procede de las cenizas de los demonios \u2013los Titanes\u2013 a los que fulmin\u00f3 Dios Padre cuando atentaron contra su Hijo (Di\u00f3niso). Hay algo directamente divino en nosotros, sigue el relato \u00f3rfico, pero tambi\u00e9n y sobre todo hay algo diab\u00f3lico que rodea, ciega y perturba la divina chispa del alma. Y considerad que el orfismo no dice que el ser humano sea a imagen de Dios (en su unidad de ser humano), sino que afirma que realmente el alma del hombre es divina y el cuerpo del hombre es demon\u00edaco. El cristianismo jam\u00e1s se atrever\u00e1 a decir ni una cosa ni la otra, mientras se comprenda a\u00fan un poco a s\u00ed mismo (aunque hay que reconocer que las dos cosas, con apenas matices y distingos, s\u00ed las han dicho algunos escritores cristianos, y con ellas han influido sobre el esp\u00edritu de una parte de la historia cristiana \u2013como una superstici\u00f3n pervive en el fondo, como el paganismo resiste siempre por debajo de lo cristiano).<br>Cuando llam\u00e9, como hace <mark style=\"background-color:rgba(0, 0, 0, 0);color:#7A9BDB\" class=\"has-inline-color\">Kierkegaard<\/mark>, desesperaci\u00f3n al mal m\u00e1s profundo del pecado, no me estaba refiriendo directamente a esa forma del mal que no es ya mortal porque vive en plena conciencia de contradicci\u00f3n, dolorosamente, con un sentimiento justo de angustia, o incluso en el l\u00edmite del agnosticismo \u2013y entonces el sentimiento es tr\u00e1gico: ni siquiera s\u00e9 si creo de veras en la posibilidad del bien perfecto, y las acciones de mi vida no se unifican en ninguna direcci\u00f3n clara, como si por momentos deseara que todo fuera muerte y por momentos luchara de verdad contra la muerte de todas las cosas y, por tanto, en la confianza real sobre la existencia posible del bien perfecto\u2013.<br>La desesperaci\u00f3n no es ni la angustia de la contradicci\u00f3n ni la tragedia del agnosticismo real, sino la calma con la que se est\u00e1 cuando se ha abandonado de verdad todo combate por el bien ideal. El mal llena la vida, pero disimulado, sin aflorar en el dolor, sino, a lo sumo, en alg\u00fan estado de tedio que luego se disipa con cualquier distracci\u00f3n. Cuando el mal est\u00e1 presente, pero no como mal sino disfrazado, entonces, sin dolor, es cuando nada tiene sentido, pero el hombre no sufre por ello, no experimenta el estado al que, con cierto abuso, llamamos <em>desesperaci\u00f3n<\/em> habitualmente. Desesperar es no esperar nada realmente nuevo, sin que para ello haga falta sentirse desdichado. Al contrario, cuando la desesperaci\u00f3n empieza a doler, su remedio empieza a estar al alcance. Un remedio tr\u00e1gico o un remedio angustiado, pero ya no esta calma, esta seguridad idiota en que se ha estado da\u00f1ando a todo y a todos, sobre todo, a s\u00ed mismo, en la certeza de que nada vale la pena, ninguna pena, porque el amor en todas sus formas no es m\u00e1s que un afecto adolescente que no sirve para mayor cosa que para suspirar y, a lo sumo, para conquistar una breve posesi\u00f3n de un cuerpo.<br>Si nos preguntamos ahora por el verdadero origen del mal, lo primero con lo que nos encontraremos es siempre con el miedo: miedo a la aventura, miedo a la entrega, miedo a subir en las alas de Eros, miedo a los dem\u00e1s (que parece que nos matan en vida con su desprecio). Por tanto, miedo a la pobreza, miedo a la mala fama, miedo a la muerte en cualquiera de sus muchas formas. S\u00f3lo que el miedo es un afecto insufrible, que tiende por naturaleza a convertirse en calma, a olvidarse de s\u00ed mismo, a renegar de s\u00ed y revestirse con las ropas de su contrario: la crueldad, la audacia, la falta absoluta de compasi\u00f3n o entra\u00f1as, la huida de toda situaci\u00f3n en que se vea bien claro que la justicia ha sido violada y est\u00e1 exigiendo a voz en grito que alguien la repare.<br>En el miedo (miedo a la vida en toda su amplitud divina) se anuncia la llegada del mal, y por eso duele tanto y se enmascara tanto. Cuando el mal se apodera del lugar, todo su esfuerzo consiste en disimularse, en que no haya conciencia de lo que est\u00e1 pasando.<br>Sentirse tr\u00e1gicamente un posible aliado de la muerte, cuando desear\u00eda uno aliarse absolutamente con la vida y el amor contra la muerte, es un duro sufrimiento, parecido al de <mark style=\"background-color:rgba(0, 0, 0, 0);color:#7A9BDB\" class=\"has-inline-color\">Prometeo<\/mark> a solas con su buitre, crucificado all\u00e1 en el desierto de las cimas del C\u00e1ucaso. Sentirse angustiado y avergonzado porque los peque\u00f1os miedos de la vida cotidiana (al hambre, al desprecio, a los golpes, a la enfermedad, a la decrepitud, a la muerte \u2013permitidme llamar peque\u00f1o al miedo a la muerte y hasta disminuir lo doloroso del miedo a la decadencia f\u00edsica y mental\u2013) nos han hecho caer en contradicci\u00f3n, es tambi\u00e9n muchas veces una dura pena. Pero el reconocimiento de la propia debilidad, que deber\u00eda acompa\u00f1ar siempre estos dolores, es ya una oraci\u00f3n, es ya la adoraci\u00f3n del Bien Perfecto.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"is-style-text-annotation is-style-text-annotation--1\">Publicado en la revista\u00a0<a href=\"https:\/\/dialnet.unirioja.es\/ejemplar\/313640\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener nofollow\"><em>Cr\u00edtica<\/em>,\u00a0A\u00f1o 62, N\u00ba. 981, 2012<\/a>,\u00a0p\u00e1gs.\u00a027-31.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Somos todos los seres creados \u2013incluyo a los animales, a las plantas, a las rocas, el mar, los cielos y los astros\u2013 como gargantas sedientas de bien, de paz, de gozo; pero una extra\u00f1\u00edsima debilidad induce a algo rebelde en nosotros a ordenarnos que nos quedemos quietos, como si la sed terrible estuviera calmada.<\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":380,"comment_status":"closed","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[48,81,149,51],"tags":[128,190,97,84,192,37,98,185,7,186,193],"autores":[200,199,122,159,195,197,198,201,194,196],"class_list":["post-379","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-cristianismo","category-etica-y-filosofia-moral","category-filosofia-griega","category-meditaciones","tag-bien","tag-caja-de-pandora","tag-combate-moral","tag-desdicha","tag-desesperacion","tag-dios","tag-dolor","tag-fortaleza","tag-mal","tag-miedo","tag-pecado","autores-agustin-de-hipona","autores-bernardo-de-claraval","autores-estoicismo","autores-kierkegaard","autores-nietzsche","autores-orfismo","autores-poetas-griegos","autores-san-pablo","autores-simone-weil","autores-sofocles"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/fenomenologiayfilosofiaprimera.org\/bitacora\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/379","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/fenomenologiayfilosofiaprimera.org\/bitacora\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/fenomenologiayfilosofiaprimera.org\/bitacora\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/fenomenologiayfilosofiaprimera.org\/bitacora\/wp-json\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/fenomenologiayfilosofiaprimera.org\/bitacora\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=379"}],"version-history":[{"count":5,"href":"https:\/\/fenomenologiayfilosofiaprimera.org\/bitacora\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/379\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":400,"href":"https:\/\/fenomenologiayfilosofiaprimera.org\/bitacora\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/379\/revisions\/400"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/fenomenologiayfilosofiaprimera.org\/bitacora\/wp-json\/wp\/v2\/media\/380"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/fenomenologiayfilosofiaprimera.org\/bitacora\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=379"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/fenomenologiayfilosofiaprimera.org\/bitacora\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=379"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/fenomenologiayfilosofiaprimera.org\/bitacora\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=379"},{"taxonomy":"autores","embeddable":true,"href":"https:\/\/fenomenologiayfilosofiaprimera.org\/bitacora\/wp-json\/wp\/v2\/autores?post=379"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}